Un tal Wáshington

El curandero del amor (MilenaPergamino, 2017), una lectura más que necesaria para este verano apocalíptico neoliberal. Wáshington Cucurto dice que lo suyo es el “realismo atolondrado”. ¿Por qué? ¿Por las puteadas? ¿Por la prosa desprolija? ¿Por el psicologismo delirante? ¿Por el nihilismo político? ¿Por el uso novedoso de lo autorreferencial? Quilosá, pero todo eso anda por ahí. Un libro que no se puede leer de punta a punta por su crudeza. Abruma.

Tal vez la escena de un aborto clandestino sea lo más duro aquí, pero las referencias políticas son también lo suficientemente crudas como para generar un sabor distinto. ¡Oh narrador de historias, vuestro es el mundo cuando la realidad nos golpea en las bolas!

“Atención soldados, les habla el comandante máximo neonazi Corcho Cucurto de la Vega. Hoy aprenderemos a bailar cumbia. Los soldados neonazis me miraban sorprendidos”. Meter a los nazis en una historia de complots y enseñarles el arte de bailar y amar es, tal vez, una buena salida en estos tiempos, ¿o no?

“No se puede, no se puede, vivir en este salvajismo, en esta indiferencia donde se celebra la miseria y la violencia”. “Ayer se me acercó y me dijo que el gran líder revolucionario Aníbal Verón se enamoró de ella y piensa casarse con él. Chau Rey del Realismo Atolondrado (…) llegó Aníbal Verón”. Y así…

Vayamos por más de este tal Wháshington.

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